El shock arancelario global de Trump

Donald Trump anuncia los aranceles “recíprocos” junto a Howard Lutnick, secretario de Comercio de EEUU (a la derecha), desde un atril con micrófono ante una audiencia congregada en el evento Make America Wealthy Again o “Día de la Liberación” en la Rosaleda de la Casa Blanca, el pasado 2 de abril de 2025. En su mano izquierda, Trump sostiene en alto una tabla con el listado de países y los aranceles (shock arancelario).
Donald Trump en el evento Make America Wealthy Again o “Día de la Liberación” en la Casa Blanca (2/04/2025). Foto: The White House (United States government work)

El pasado 2 de abril, el presidente Trump anunció un incremento de aranceles a prácticamente todos los países del mundo, tanto aliados como enemigos. Desde ese día, sorprendentemente bautizado con el nombre de “Día de la Liberación”, Estados Unidos (EEUU) aplicará aranceles adicionales del 34% a los bienes procedentes de China, del 20% para los de la Unión Europea (UE), del 24% para Japón y así sucesivamente. Los establece mediante una Orden Ejecutiva y los  justifica por la Ley de Emergencia Económica Internacional de 1977, que no requiere aprobación del Congreso (que es el que, en principio, decide la política comercial).

(…) la incertidumbre es muy elevada y no conviene esperar que los aranceles del 10% (o mayores) se reduzcan con el tiempo, sino que probablemente permanezcan vigentes durante bastante tiempo.

La nueva estructura arancelaria parte de un arancel mínimo no negociable del 10% para todos los países y todos los productos (salvo cobre, semiconductores, maderas, productos farmacéuticos, materias primas críticas que no existan en EEUU y energía y productos energéticos, recogidos en el Anexo II), aparte de un 25% para los automóviles. A partir de ahí, aranceles adicionales “recíprocos” basados en una interpretación sui generis que la Administración Trump hace de las barreras comerciales impuestas a EEUU por cada uno de los países.

Dichas barreras de cada país (denominadas “Aranceles aplicados a EEUU, incluyendo manipulación de divisas y barreras comerciales” en la tabla presentada públicamente por Trump) no se han estimado por ningún método científico, sino simplemente como el cociente entre el déficit comercial y las importaciones bilaterales (o el 10% en ausencia de déficit). El Departamento de Comercio incluye supuestamente en la fórmula dos elasticidades (precio-demanda de importación y precio-arancel), pero que no se distinguen por país y que se compensan mutuamente. Una vez calculado este cociente como “arancel teórico”, se impone un arancel estadounidense equivalente a la mitad de ese valor, con un mínimo del 10% (Figura 1). A Canadá y México se le seguirán aplicando los aranceles que había hasta ahora, del 25%, que se reduce al 10% para el comercio cubierto por el Acuerdo Estados Unidos-México-Canadá (USMCA, por sus siglas en inglés), y del 10% para productos energéticos de Canadá.

La cifra de “aranceles recíprocos” es por tanto totalmente arbitraria, aunque el Departamento de Comercio ha elaborado un informe con una lista cualitativa de barreras comerciales aplicadas por los distintos países. Conviene destacar varios detalles. En primer lugar, que, como se ve en la Figura 1, los aranceles no tienen ninguna consideración política: se ha impuesto un arancel del 10% al Reino Unido no por ninguna relación especial con este país, sino porque el Reino Unido tiene déficit comercial con EEUU; del 17% a Israel, pese a haber anunciado que iba a eliminar todos los aranceles del comercio bilateral con EEUU; Rusia y Corea del Norte han sido eximidas del arancel, pero principalmente porque no hay flujos comerciales relevantes (Ucrania, por el contrario, pasa a recibir un arancel general del 10%). El arancel impuesto a los productos de la UE es del 20%, calculado de forma conjunta (si se hubiera distinguido por países, Irlanda, Alemania e Italia habrían sufrido aranceles más elevados y menores en el caso de los Países Bajos y España; Hungría no consigue evitar el arancel). Los aranceles han sido particularmente elevados en el caso de Asia (como son el caso de China, Japón y Vietnam), con los que EEUU tiene fuertes déficits comerciales. Hay que destacar, además, que todos estos aranceles son adicionales a los ya existentes. Por ejemplo, el 34% para China se suma al 20% anunciado hasta ahora por Trump el mes pasado, que a su vez es adicional al elevado nivel arancelario ya existente desde la primera Administración Trump. Asimismo, los aranceles al acero y aluminio del 25%, anunciados el mes pasado, también se mantienen.

Figura 1. Algunos aranceles “recíprocos” aplicados por EEUU

[1][2][3][4] = [3]/[2] o 10%[5] = 50% [4] o 10%
ExportacionesImportaciones SaldoArancel «teórico»Arancel EEUU
Australia34.59416.68517.90910%10%
Brasil49.66742.3177.35010%10%
China143.546438.947-295.40167%34%
Hong Kong27.8875.97421.91310%10%
India41.75387.417-45.66452%27%
Israel14.79222.218-7.42633%17%
Japón79.740148.209-68.46946%24%
Corea del Sur65.541131.549-66.00850%26%
Malasia27.70452.535-24.83147%24%
Arabia Saudí13.17812.73444410%10%
Singapur46.03243.2042.82810%10%
Suiza24.96263.426-38.,46461%31%
Taiwán42.337116.264-73.92764%32%
Reino Unido79.94368.08411.85910%10%
Vietnam13.097136.561-123.46490%46%
Unión Europea370.189605.760-235.57139%20%
Fuente: elaboración propia, a partir de datos del US Census de comercio en 2024. Datos en millones de dólares.

La lógica neomercantilista de la Administración Trump considera que el déficit comercial es malo en sí mismo y que el déficit bilateral es consecuencia del proteccionismo y no de la especialización. Este planteamiento llevaría al absurdo de que, si aplicáramos la misma fórmula de aranceles recíprocos para los servicios (donde EEUU es líder y tiene superávit con la mayor parte de los países), la UE debería imponer un arancel del 18% a los servicios estadounidenses, China del 22% y Corea del 20%, por poner sólo unos ejemplos.

A efectos macroeconómicos, los saldos relevantes no son los bilaterales, sino el saldo global por cuenta corriente y ese no se reduce con aranceles, sino con un aumento del ahorro público y privado en relación con la inversión. Por otro lado, es improbable que una política que encarece y dificulta la importación de inputs industriales sea capaz de crear empleo neto en un mundo de cadenas de valor globales y con creciente peso de los servicios.

Tampoco es probable que el arancel base del 10% logre aumentar la recaudación de forma estructural, algo que resulta esencial para conseguir que el Congreso –donde hay mayoría republicana pero también preocupación por el elevado déficit público– apruebe la extensión de la bajada de impuestos de su primer mandato o bajadas adicionales como las del impuesto de sociedades o la de los gravámenes sobre las propinas. EEUU recauda muy poco en aranceles, unos 77.000 millones de dólares anuales (sucede lo mismo en todos los países avanzados con sistemas fiscales sofisticados y progresivos). Con los aranceles aprobados se pretende llegar a 800.000 millones de recaudación, pero sin duda será bastante menos. Todo depende también de cómo reaccionen los socios comerciales y cuál sea el equilibrio final, en el que habrá probablemente mucho menos comercio entre EEUU y el resto del mundo.

Desde la Casa Blanca, sostienen que el déficit comercial estadounidense se debe a la fortaleza del dólar, que al ser moneda de reserva global, tiene exceso de demanda y tiende a apreciarse. Pero, a pesar de que Trump querría un dólar más barato para aumentar la competitividad del precio de sus exportaciones de bienes, los aranceles propuestos conseguirán justo lo contrario. Al generar más inflación en EEUU, forzaría a la Reserva Federal, su Banco Central, a subir tipos de interés (o dejar de bajarlos como tenía previsto), lo que seguramente apreciaría el dólar. Esto amortiguaría la mejora del saldo comercial que se persigue con los aranceles.  

Una vez que pase el shock inicial, es probable que los aranceles superiores al 10% estén destinados a obtener concesiones, económicas o de otro tipo. Serían, por tanto, negociables. Se puede pensar, como ejemplo, en la relocalización de la producción de semiconductores desde Taiwán a EEUU o de productos farmacéuticos de Suiza a EEUU. En cualquier caso, la incertidumbre es muy elevada y no conviene esperar que los aranceles del 10% (o mayores) se reduzcan con el tiempo, sino que probablemente permanezcan vigentes durante bastante tiempo.

En cualquier caso, la subida de aranceles es muy considerable. Paul Krugman ha afirmado que son superiores a los que EEUU estableció en los años 30 (el infame arancel Smoot-Hawley, que contribuyó a intensificar la Gran Depresión). Recordemos que EEUU parte de un nivel bastante reducido de aranceles (un arancel medio ponderado no preferencial frente al resto del mundo del 2,2%, distribuido entre un 4,0% para productos agrícolas y un 2,1% para no agrícolas), de modo que pasar a un arancel mínimo del 10% (y medio ponderado mucho mayor) constituye todo un shock estructural. Por ello cabe esperar, como se ha dicho antes, un considerable impacto sobre la inflación en EEUU, que sufrirán precisamente los consumidores de ingresos medios y bajos, muchos de los cuales son la base electoral de Trump (nótese que hay aranceles muy altos para países como Vietnam –46%– o Camboya –49%–, de los que EEUU importa productos textiles y bienes de consumo de bajo valor añadido).

Para la UE, el hecho de que los aranceles no hayan discriminado entre Estados miembros facilitará la respuesta coordinada por parte de la Comisión. Por otro lado, los elevados aranceles a los países asiáticos (mayores en general que a los países europeos) posibilitarían teóricamente una respuesta coordinada.

La Comisión Europea está obligada a responder para mostrar fortaleza e intentar negociar para alcanzar un acuerdo, los que no parece sencillo. Resulta clave que la subida de aranceles se realice de forma quirúrgica y a bienes producidos en estados donde los republicanos hayan ganado por poco las elecciones (los llamados estados bisagra, como Wisconsin y Pensilvania). Una bajada de tipos de interés por parte del Banco Central Europeo podría depreciar el euro y apoyar la demanda interna para compensar el shock negativo de demanda que suponen los aranceles de Trump. Llegado el caso, es posible que haya que recurrir a usar por primera vez el Instrumento Anti-Coerción, aprobado a finales de 2023 y que permite tomar medidas no arancelarias contundentes, aunque conviene usarlo con prudencia en servicios y flujos financieros, ya que la dependencia de EEUU (por ejemplo, en servicios estratégicos) es muy elevada. En todo caso, cabe subrayar que este instrumento tardaría varias semanas en ponerse en práctica porque requiere una investigación por parte de la Comisión y una mayoría cualificada en el Consejo Europeo. La Comisión europea espera que su activación permita abrir una negociación.

A medio plazo resultará difícil volver a confiar en EEUU como socio comercial, por lo que habrá que apostar por la diversificación de mercados de exportación y por la reducción del riesgo ya que, seguramente, los aranceles han llegado para quedarse. El “Día de la Liberación” estadounidense constituye otro incentivo más para avanzar en la autonomía estratégica abierta de la UE.